Última actualización: septiembre de 2026 | Cronología contrastada con Reuters, Euronews, la Agencia Internacional de la Energía y comunicados del Ministerio de Comercio de China

Aviso: este artículo explica un conflicto comercial y geopolítico en curso entre Estados Unidos, China y la Unión Europea, sin tomar postura sobre qué parte tiene razón. Los datos y el estado de las restricciones descritos corresponden a septiembre de 2026 y pueden cambiar, ya que se trata de una disputa todavía abierta.
Cada vez que un móvil vibra, un motor eléctrico gira o un misil se guía hacia su objetivo, hay muchas probabilidades de que dentro haya un imán fabricado con un puñado de elementos que la mayoría de la gente no sabría ni nombrar. Se llaman tierras raras, y desde 2023 se han convertido en una de las piezas más comentadas —y más tensas— del pulso comercial entre Estados Unidos y China. Te explicamos qué son realmente, por qué China tiene tanto poder sobre ellas y qué ha ocurrido en esta guerra comercial silenciosa hasta septiembre de 2026.
Qué son las tierras raras, exactamente
Las tierras raras son un grupo de 17 elementos químicos con propiedades magnéticas, luminiscentes y catalíticas que las hacen imprescindibles para fabricar desde motores de coches eléctricos y turbinas eólicas hasta semiconductores, misiles guiados y baterías. Su nombre es, en realidad, un poco engañoso: no son especialmente escasas en la corteza terrestre, sino que rara vez aparecen concentradas en yacimientos que resulte rentable explotar, y separarlas entre sí exige procesos químicos complejos, costosos y muy contaminantes. Ese matiz técnico es, precisamente, la clave de todo este conflicto.
El monopolio real no está en la mina: está en el refino
Es habitual leer que «China controla el 60% de las tierras raras del mundo», una cifra que, aunque correcta, se queda corta del verdadero problema. China extrae en torno al 60-70% del mineral bruto a nivel mundial, pero controla aproximadamente el 90% de la capacidad mundial de procesamiento y refinado la fase que convierte ese mineral en óxidos y metales realmente utilizables y hasta el 94% de la fabricación de imanes permanentes, el componente final que de verdad necesitan las fábricas de coches eléctricos, turbinas o sistemas de defensa. Incluso si Estados Unidos o Europa abrieran mañana nuevas minas, sin capacidad de refinado propia seguirían dependiendo de China para convertir ese mineral en un producto útil. Ese es el verdadero cuello de botella, y explica por qué quince años de intentos occidentales por reducir la dependencia apenas han cambiado el panorama de fondo.
Una escalada de tres años, explicada en orden
| Momento | Qué ocurrió |
|---|---|
| Julio de 2023 | China exige licencia para exportar galio y germanio, dos materiales críticos para semiconductores |
| Octubre de 2023 | Se añaden restricciones sobre el grafito |
| 2024 | El antimonio se incorpora a las listas de control; en diciembre se amplían las restricciones a componentes de doble uso (civil y militar) |
| Abril de 2025 | China impone restricciones adicionales a la exportación de siete elementos de tierras raras y sus imanes permanentes, en plena escalada arancelaria con EE.UU. (aranceles superiores al 100% en ambas direcciones) |
| Octubre de 2025 | China amplía de nuevo los controles, extendiéndolos más allá de las materias primas: alcanzan también equipos de procesamiento, transferencia de tecnología e incluso productos fabricados fuera de China que contengan componentes de origen chino |
| Abril de 2026 | El Ministerio de Industria chino (MIIT) endurece el marco regulatorio, con sanciones directas por incumplir las cuotas de producción y exportación |
| Junio de 2026 | China aprueba una ley que blinda el control estatal sobre toda la cadena de las tierras raras, no solo la extracción; el mismo mes, detiene a dos ciudadanos japoneses en Dalian acusados de contrabando de materiales controlados |
| Finales de 2025 / 2026 | Tras la cumbre entre Trump y Xi Jinping, ambas partes acuerdan suspender los controles más recientes hasta el 10 de noviembre de 2026 |
Una tregua frágil, no un final del conflicto
A fecha de este artículo, las restricciones más recientes están formalmente suspendidas como parte del acuerdo alcanzado entre las dos potencias, y las exportaciones de imanes de tierras raras chinos han repuntado con fuerza desde los mínimos de la primera mitad de 2025. Pero conviene no confundir esta pausa con una solución definitiva: la infraestructura de licencias que Pekín construyó durante los últimos tres años sigue en pie, simplemente inactiva, y China continúa restringiendo de forma más estricta las exportaciones con un uso final militar, aunque agilice las de uso civil. Como resumió en noviembre de 2025 la Fundación para la Defensa de las Democracias, un centro de análisis con sede en Washington, la suspensión «detiene algunas acciones comerciales hostiles», pero Pekín «no está renunciando a sus armas más poderosas». La próxima revisión de cuotas de exportación china, prevista para el otoño de 2026, será la primera gran prueba real de hasta qué punto esta tregua resulta duradera.
Por qué a Occidente le cuesta tanto independizarse
El problema de fondo no es solo de voluntad política, sino de tiempo. Abrir una nueva mina de tierras raras y llevarla a producción comercial a gran escala tarda, según las estimaciones del sector, entre diez y quince años, un plazo que ninguna medida de urgencia gubernamental puede acortar de forma significativa. Bloomberg Intelligence proyecta que, incluso con los cerca de 10.000 millones de dólares de financiación pública comprometidos para 2026 en nuevos proyectos fuera de China, el mundo se enfrentará a un déficit del 36% en el suministro de neodimio y praseodimio —el par de elementos más usado en defensa, vehículos eléctricos e imanes de turbinas eólicas— de cara a 2030. Estados Unidos ha llevado además el conflicto a la Organización Mundial del Comercio, con la Unión Europea y Japón sumándose del lado estadounidense, mientras Bruselas acelera en paralelo sus propias reservas estratégicas para no depender de una sola decisión administrativa tomada en un ministerio chino.

Un vídeo para verlo con más contexto
Si quieres profundizar en cómo se ha construido esta dependencia a lo largo de las últimas décadas, este reportaje de Deutsche Welle (DW), la televisión pública alemana, lo explica con buen nivel de detalle y con voces de distintos expertos:
«China controla casi el 70% de la producción mundial de ‘tierras raras'» — A fondo DW (YouTube):
Es un buen punto de partida audiovisual, especialmente si prefieres el formato de debate con especialistas antes que el puramente informativo.
Esta disputa por las tierras raras es, en el fondo, la otra cara de la moneda de la guerra arancelaria tecnológica que ya repasamos en nuestro artículo sobre por qué los aranceles pueden encarecer el próximo móvil u ordenador que compres: cada vez que Washington restringe el acceso de China a chips avanzados o maquinaria de fabricación de semiconductores, Pekín responde en el extremo opuesto de la misma cadena de valor, con los minerales que esos mismos chips necesitan para fabricarse.
